lunes, 21 de octubre de 2013

Espionaje lucrativo. También al socio FC. ¿Lo petrolero, actualmente?. Venta en PRD: delirios

La Secretaría de Relaciones Exteriores (es decir, Los Pinos) no está dispuesta a despeinarse ante las nuevas evidencias de que los políticos mexicanos de mayor relevancia en el organigrama federal son clientela favorita de los servicios estadunidenses de espionaje. Ayer apenas atinó la diplomacia mexicana a reiterar una postura de rechazo declarativo y decorativo al saberse, por medio de la revista alemana Der Spiegel, que la Agencia de Seguridad Nacional del gobierno gringo (NSA, conforme a su escritura en inglés) había mantenido vigilancia durante años en la cuenta de correo electrónico de Felipe Calderón cuando habitaba Los Pinos.

La revelación de esa injerencia gringa en los asuntos mexicanos durante la gestión de un panista que aplicadamente entregó cuanto pudo de la soberanía nacional a las agencias del país vecino se suma a la hecha meses atrás respecto a similar espionaje en comunicaciones del entonces candidato presidencial Enrique Peña Nieto. Según lo puntualizado por la publicación alemana (con base en documentos aportados por Robert Snowden), en el caso de Calderón se obtuvo importante información relacionada con los asuntos políticos internos, pero también con lo económico, al grado de calificarse de lucrativa la cosecha obtenida.

Nada hace suponer que esas prácticas hayan sido erradicadas. En realidad, ni siquiera hay una presión gubernamental en ese sentido, sino una pálida simulación que en dado caso ayudaría a los infractores a convencerse de que pueden seguir actuando con absoluta impunidad. La SRE no se ha atrevido más que a cumplir con ciertas reacciones de protocolo, y el jefe formal del aparato estatal, el también espiado EPN, sólo alcanzó a decirle a Barack Obama, en una especie de diálogo de paso, que solicitaba una investigación que, desde luego, el estadunidense ofreció cumplir aunque no dijo para cuándo (la SRE reiteró ayer mediante nota diplomática que esa indagación debe concluir a la brevedad). Gran diferencia respecto a lo sucedido con la presidenta brasileña, Dilma Roussef. 

La persistente política de espionaje gringo a los mexicanos que ejercen el poder, haiga sido como haiga sido, tiene especial relevancia en momentos críticos como los que hoy se viven en el país. Desde luego, es altamente dañino para un gobierno nacional que los entretelones de sus manejos de política interior sean conocidos al detalle por la potencia siempre deseosa de influir y controlar al país adjunto, pero esa información lucrativa adquiere especial relevancia en términos económicos cuando se está en proceso de formalizar (si en el congreso finalmente se cumplen las expectativas en ese sentido) la cesión a intereses particulares y, en especial, a empresas extranjeras, de importantes segmentos de la operación petrolera mexicana. Dueños de tecnología que opera sistemas informáticos instalados en el corazón del gobierno nacional y demostrados especialistas en interceptar comunicaciones de la élite política local, los interventores estadunidenses cuidan que el sistema político actúe a su favor y que las decisiones económicas sean favorables a sus empresas. Frente a ello, el peñismo apenas se entretiene con declaraciones probadamente ineficaces.

Jesús Ortega Martínez (dirigente del grupo que controla la estructura del PRD, Nueva Izquierda, y ex presidente de ese partido) ha enviado a esta columna una opinión frente Astillero (sic) relacionada con la entrega del pasado viernes. De entrada, critica las columnas despersonalizadas (“con el consabido ‘trascendió’, el ‘se dice en los corrillos’, se ‘rumora’...), pero también las que van firmadas con seudónimos y las que son firmadas con el nombre de su autor, cuando dañan al periodismo porque lo que escriben no es información verificable, sino meras figuraciones y hasta delirios motivados por animadversiones políticas. Para ejemplificar sobre esto, recurre a Astillero, pues Julio Hernández no hace ni investigación ni análisis político y su escrito es una ejemplar pieza de suposiciones y especulaciones sin ningún sustento.

“Veamos: Julio afirma que ‘El PRD decidió vender su alma votante a cambio de un cuantioso respaldo presupuestal en la capital del país’. ¡No! Julio. La mayoría de los legisladores del GPPRD en la Cámara de Diputados decidieron votar a favor de la Reforma Hacendaria por que en esta se encuentran contemplados algunos de los más importantes puntos programáticos del PRD en materia fiscal (...) y, desde luego (¿por qué te escandaliza?) trabajamos por más recursos, como lo hemos hecho siempre, para la capital del país. Te preguntas: ¿a cambio de qué? ¡De nada que no sea una oportuna, necesaria y eficaz negociación en la Cámara de Diputados y en el Pacto por México, que logró estos puntos y otros verdaderamente importantes para el país!”

“Y lo que escribes acerca de maquinaciones, negociaciones, condicionamientos para ‘cerrarle el paso a Ebrard, minar la fuerza a López Obrador, candidaturas para los chuchos’, es francamente delirante, fantasioso. Sin embargo, comprendo que toda esta fantasía es producto de una visión, elemental, simplista y reduccionista de la política y que tu logras sintetizar impecablemente con cuatro palabras: ¿A cambio de qué? Entender a la política de esa manera conduce irremediablemente a análisis sosos y equivocados. Hay esquemas mentales que, como si fuesen cicatrices, son difíciles de eliminar. Por ello mismo te puede parecer imposible entender a la política de manera diferente al vulgar toma y daca. Pero sí es posible, y el Pacto por México lo está evidenciando”.

La carta completa de Ortega puede leerse en http://bit.ly/1fOj39S y, sobre ella, esta columna prefiere abstenerse de comentarios, dejando allí lo que es una opinión de parte interesada que el lector sabrá valorar conforme a lo que históricamente han sido Jesús Ortega y la corriente política que encabeza. No hay necesidad de más.

Y, mientras el gobernador de Quintana Roo, Roberto Borge, sigue ejerciendo el brazo represor, ¡hasta mañana, con Raymond como nueva amenaza!





Fuente: La Jornada| Julio Hernández López