lunes, 5 de septiembre de 2016

Peña Nieto ante América Latina: el retrato de la humillación| Nadie perdonará a Peña que su reunión con Trump le ayude a ganar elección: The Economist

Enrique Peña Nieto y Donald Trump durante el mensaje en Los Pinos. Foto: Presidencia

BOGOTÁ.- En los países latinoamericanos hay tanto desconcierto como en México por la decisión del presidente Enrique Peña Nieto de invitar a Donald Trump a su país, haberlo recibido como jefe de Estado en Los Pinos y no tener la entereza de decirle, en público y en su cara, que los mexicanos merecen respeto y que el país no pagará por el muro fronterizo que se propone construir.

El desconcierto, las burlas y las críticas a Peña Nieto se han expresado con fuerza en las redes sociales y en los medios de comunicación de todos los países de la región, desde Chile y Argentina, hasta Venezuela, Colombia y las naciones centroamericanas.

Y es que en los países del área existe la certeza de que el discurso racista y antiinmigrante de Trump no sólo tiene como blanco a los mexicanos, sino también a todos los latinos y los indocumentados que residen en Estados Unidos.

El pleito del candidato presidencial republicano es, finalmente, con toda la región. Y los gobiernos de América Latina saben que el plan de deportaciones masivas de Trump no distingue entre mexicanos, centroamericanos y sudamericanos.

Si él llegara a ganar los comicios del martes 8 de noviembre y se instalara en la Casa Blanca, las deportaciones masivas crearían un problema social y económico en varios países.

En México, el peso de las remesas que envían desde Estados Unidos sus familiares trabajadores representan el 2.17% del PIB. En Honduras, El Salvador, Nicaragua y Guatemala ese porcentaje fluctúa entre el 9% y el 18%.

Para Colombia, Perú, Ecuador, Costa Rica y Panamá las remesas familiares significan más del 1% del PIB. Y países sudamericanos que están en recesión, como Brasil, Argentina y Venezuela, han visto aumentar en los dos últimos años su dependencia de esos envíos, que provienen en forma mayoritaria de Estados Unidos.

Por eso, el discurso antiinmigrante de Trump ha tenido un fuerte impacto en todos los países de América Latina. Por eso, también, quedaron tan estupefactos como en México cuando Peña Nieto recibió al millonario neoyorquino y guardó silencio frente a él respecto a la construcción del muro fronterizo y frente a los insultos contra los inmigrantes.

Vergüenza ajena

El artículo en el que el cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu califica como “traición” la invitación de Peña Nieto al candidato presidencial republicano –publicado en El País– fue reproducido en varios medios de la región y comentado con amplitud en programas de radio y televisión que hicieron eco de las críticas al presidente de México y del “indignante” trato de estadista que prodigó a Trump.

El jueves, un día después del inaudito encuentro Trump-Peña Nieto en Los Pinos, la W Radio, que transmite desde Colombia a varios países de América Latina y Estados Unidos, presentó el tema como la “humillación” a la que fue sometido el presidente mexicano.

La comentarista de la W, María Isabel Rueda, dijo que Peña Nieto “se dejó tender una trampa anunciada y cayó en ella de la manera más flagrante”, y advirtió que su error fue “de tal magnitud” que debió explicar a su país que él sí le aseguró a Trump que no iba a pagar el muro.

El periodista Félix de Bedout preguntó: si se lo dijo en privado, ¿por qué no se lo dijo en público?, y consideró “increíble” que el presidente mexicano, que pronunció ante el millonario neoyorquino un “discursito ahí melifluo y sin mayor profundidad”, le haya entregado a su visitante, en Los Pinos, el relanzamiento de su disminuida campaña por la presidencia de Estados Unidos.

Los comentaristas de la W hablaron de los bajos índices de aprobación de Peña Nieto, que son menores al 30%, y Bedout vaticinó que tras el paso de Trump por Los Pinos y la indignación que eso causó en México “se seguirá hundiendo”.

Los juicios en ese tenor se multiplicaron en toda la región, tanto en los medios escritos y electrónicos como en las redes sociales, donde los memes presentando al presidente de México como un vasallo de Trump se volvieron virales.

Peña Nieto ya era en la región un presidente más conocido por los escándalos que han marcado su administración que por su gestión de gobierno.

En todos los países de América Latina se conocieron con amplitud la denuncia de la mansión de
siete millones de dólares de la primera dama, Angélica Rivera, la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y la cuestionada investigación del caso, cuyas deficiencias han sido exhibidas por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la CIDH.

El diario La Nación de Costa Rica consideró el domingo en un editorial que el discurso contra los inmigrantes que pronunció Trump en Arizona la noche del miércoles, tras reunirse con el presidente mexicano, “selló la derrota de Peña Nieto”.

El periodista y diplomático cubano-costarricense Eduardo Ulibarri escribió en ese mismo diario que el mandatario mexicano “lució disminuido frente a la inflada anatomía de su huésped” en un día “nefasto para México y, por carambola, para la democracia estadunidense” por el aire que le dio a la debilitada campaña de Trump.

Los principales portales de Argentina y Chile reprodujeron el duro editorial de The New York Times que dio cuenta de las “debilidades” del presidente mexicano y de la “poca capacidad” que demuestra para gobernar un país como México.

La internacionalista colombiana Sandra Borda, una doctora en ciencia política de la Universidad de Minnesota, dice que las críticas a Peña Nieto en Latinoamérica son “generalizadas”.

“En toda la región la gente no logra entender por qué, después de todo lo que Trump ha insultado a México, y a través de México a América Latina, Peña Nieto lo recibió en una visita casi oficial en la que atendió a ese señor como si fuera un mandatario”, señala.

El error de Peña Nieto no solo disminuye su imagen en la región, sino también su capacidad para jugar un papel relevante en la geopolítica latinoamericana.

Nadie perdonará a Peña que su reunión con Trump le ayude a ganar elección: The Economist

En caso de que el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, ganara las elecciones del próximo 8 de noviembre, muchos mexicanos no le perdonarían a Enrique Peña Nieto ni a su partido haber ayudado al magnate a ser elegido.

Así lo destaca el diario The Economist en un editorial titulado: “¿Por qué Enrique Peña Nieto invitó a Donald Trump a visitar México?”. Y subraya que dicha invitación “parece más un intento por parte del señor Peña de distraer la atención nacional de los innumerables problemas internos a los que se enfrenta” en México”.

En su edición de Gran Bretaña, el diario señala que a algunos líderes les gusta que sus gobiernos estén constituidos por equipos de rivales, grandes asociaciones o semilleros de brillantes especialistas, pero éstas –apunta– no son las preferencias del presidente mexicano.

“Él gobierna a través de un círculo estrecho de ayudantes fieles, muchos de los cuales trabajaron con él en su cargo anterior como gobernador del Estado de México (que rodea la Ciudad de México). Cualesquiera que sean sus otras cualidades, a menudo ha parecido inmune tanto a los imperativos de la política democrática como a los caminos del mundo más amplio”, puntualiza.

Añade: “Debe haberle parecido una idea brillante a alguien del círculo íntimo del señor Peña el invitar a los candidatos de la elección presidencial estadunidense a venir a México. Dicho acto pondría al señor Peña en las primeras planas de todo el mundo como un hombre de Estado capaz de hacer negocios hasta con Donald Trump, el candidato republicano que ha hecho de golpear a México el hilo conductor de su campaña.

“Casi cualquier experto en política exterior lo habría desengañado de la idea. ‘Es una iniciativa muy equivocada y muy arriesgada’, dice uno, Andrés Rozental, exvicecanciller”.

The Economist resalta que los mexicanos están acostumbrados a los temas de drogas, migración y políticas de proteccionismo comercial durante las campañas electorales estadunidenses, pero hasta ahora ningún candidato moderno había sido tan ofensivo y agresivo como Donald Trump. “Y es raro que un presidente de México actúe como anfitrión de un candidato en esta etapa de una campaña estadunidense”.

De hecho, apunta, funcionarios mexicanos han insistido durante mucho tiempo que el gobierno no podía refutar las falsedades del señor Trump sobre México porque eso sería intervenir en los asuntos internos de su vecino.

El rotativo subraya que ante la necesidad de convencer a los votantes de sus capacidades como hombre de Estado, Trump aprovechó la invitación de Peña para visitar México, y su reunión de una hora en Los Pinos, el pasado 31 de agosto, puso al mandatario mexicano en los titulares.

“Para muchos mexicanos, la noticia fue que su presidente no logró obtener una disculpa pública del señor Trump por su denigración de los migrantes del país como ‘violadores’ y ‘criminales’”.

En una declaración preparada, añade, Peña hizo un relato de largo aliento sobre la forma en la que la migración mexicana ha caído en picada, de que 6 millones de empleos en Estados Unidos dependen de su país, y de cómo la frontera debe ser vista como una “oportunidad compartida”. Declaró: “Los mexicanos merecen el respeto de todos.”

Trump, menos vivaz de lo habitual, respondió que los mexicanos son “gente increíble”.

Sin ser refutado, precisó que entre los “compromisos compartidos” con Peña está “el derecho” a un muro en la frontera para impedir la entrada de migrantes. Y, por lo menos en esa ocasión, no pidió a su anfitrión que lo pagara, a pesar de que sigue siendo la idea, subraya The Economist.

“Cualquier presidente mexicano podría tener dificultades para reaccionar ante el señor Trump. El señor Peña ha dado bandazos. Comenzó por ignorarlo, sobre la base de la no intervención. Frente a críticas internas, después dio una entrevista en la que comparó la ‘estridente retórica’ del hombre de negocios americano a la que llevó a Mussolini y Hitler al poder”, apunta el diario.

Añade: “La invitación hecha al señor Trump, por lo tanto, parece más un intento por parte del señor Peña de distraer la atención nacional de los innumerables problemas internos a los que se enfrenta. La economía sigue decepcionando. El gobierno está visiblemente dividido en cuanto a cómo manejar una rebelión de maestros extremistas contra su reforma de educación. El crimen violento está aumentando de nuevo. Una nueva acusación de conflicto de intereses ha surgido en relación con la primera dama, el cual involucra un departamento en Miami (que ella niega poseer). Y el señor Peña ha sido acusado de plagio de parte de su tesis de licenciatura en derecho (una afirmación que la Universidad ha confirmado). Incluso antes de los últimas dos escándalos, su índice de aprobación había caído a 23%, la más baja registrada para un presidente mexicano este siglo. Esa es la cosecha de su peculiar y provincial forma de gobernar”.

Señala que Peña podrá creer que tomó “una audaz iniciativa al abrir el diálogo con Trump”, y su exigencia de respeto es legítima, pero debería de ser entregada a la diplomacia ciudadana dentro de Estados Unidos, y expresada después de la elección por el ganador.

Al permitirle a su visitante un aspecto presidencial, agrega, ha ayudado al señor Trump a realizar algunas retracciones retóricas que eran electoralmente inevitables.

“Incluso si (Hillary) Clinton gana, ella no le va a agradecer eso al señor Peña. Si resulta que ha ayudado al señor Trump a ser elegido, muchos mexicanos no lo perdonarán ni a él ni a su partido, y tampoco lo hará la mayor parte del resto del mundo”, remata.

Fuente: Proceso|  RAFAEL CRODA| La Redacción