Totalmente fuera de los tiempos legales, la batalla por la Presidencia de la República esta en proceso.Felipe Calderón sostiene en privado que están ya puestos los cimientos de su plan privatizador denominado “México 2030, Proyecto de Gran Visión”, a cuyos ejes responde su administración, por lo que hará todo -legal o ilegal- por mantener al PAN en Los Pinos; la cúpula priista apuesta al olvido colectivo y tiene en marcha su maquinaria electoral para regresar al poder y continuar con el mismo proyecto neoliberal impulsado por Carlos Salinas de Gortari, maquillado con tintes sociales; Andrés Manuel López Obrador y su Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) trabajan para llevar a cabo la transformación profunda del país y materializar un proyecto alternativo de Nación para frenar la decadencia y garantizar el bienestar de la sociedad mexicana. La apuesta del tabasqueño ha sido y es la vía pacífica y su meta fundamental y prioritaria es derrotar a la “oligarquía política” de México en las elecciones federales del 2012.
De imponerse la derecha, el PAN y Felipe Calderón con su proyecto transexenal de abolir la propiedad pública y legalizar el despojo, la Nación mexicana entera resentiría otra gran derrota. Empresas nacionales y extranjeras seguirán haciendo prevalecer sus intereses en el Congreso de la Unión. La energía, agua, zonas de reserva de la biosfera, salud, ciencia y tecnología quedarán en manos de la iniciativa privada. Avanzará el proyecto calderonista que ya extinguió Luz y Fuerza del Centro y pretende la desaparición de la Secretaría de Energía y la privatización de la Comisión Federal de Electricidad y Pemex.
La “guerra contra el narcotráfico” seguirá por lo menos otros 20 años, cuando esperan que sean acotados los cárteles de la droga. Lo único importante es y seguirá siendo garantizar la “plena seguridad para la propiedad”, en un Estado de facto, no de derecho, aunque se tenga que incrementar la represión.
Adelante seguirá el proceso de ceder a corporativos mexicanos y trasnacionales el control total de la vida, el movimiento de las personas y las mercancías y el mundo de las ideas y el acceso a la información. Seguirá la concesión de las áreas estratégicas: salud, educación, telecomunicaciones, carreteras; y los bienes nacionales: agua, energía, medio ambiente, patrimonio cultural. Se extenderá la consolidación de los monopolios privados, la destrucción las pocas paraestatales que quedan y los servicios públicos.
Se cumplirá con creces la meta de subrogar a la iniciativa privada los servicios de salud; de desaparecer al IMSS, al ISSSTE y la red hospitalaria de Pemex. La educación pública estará en manos del sector privado. Los sindicatos de los sectores energético, educativo, sanitario y cultural se habrán extinto. El sector empresarial seguirá disfrutando de multimillonarios subsidios y exenciones fiscales; y se seguirá fortaleciendo el aparato represivo del Estado contra las protestas y movimientos sociales..
En menos de 20 años, la iniciativa privada nacional y extranjera detentará la mitad del territorio terrestre, costero y marino nacional. La continuación del Plan Puebla-Panamá y del Corredor Biológico Mesoamericano será la entrega de la biosfera a particulares. En suma, el concepto de soberanía nacional formará parte de la historia de México, pues el país concluirá el proceso de evolución a un área de control militar estadounidense, “integrado” a América del Norte.
El gobierno de Estados Unidos dictará directamente la políticas públicas, habrá “instituciones compartidas” –léase subordinadas-, las fuerzas armadas mexicanas intervendrán en conflictos internacionales por la “seguridad hemisférica”. México quedará totalmente fuera del desarrollo de los países emergentes: China, Brasil, Rusia, India, Corea del Sur e Indonesia, enganchado completamente al imperialismo estadounidense.
Fuente: Revista Emet