jueves, 30 de mayo de 2013

Altos vuelos. #LadySenadora. Historias tropicales. VivaAerobús: abusos

Aferrada a un tragicómico alegato pleno de prepotencia, ignorancia, clasismo, marrullería y mendacidad, una nueva rica de la política mexicana (llegada al banquete gracias al Partido de la Revolución Democrática, bajo promoción del bando de los Chuchos) irrumpió en el poblado muestrario de ladies y gentlemen que a partir de presuntas cartas de autoridad e influyentismo pretenden obtener privilegios y agreden a quienes consideran inferiores.

Luz María Beristáin Navarrete, ahora conocida como #LadySenadora, es un atinado botón de muestra de la manera en que, merced a arreglos facciosos, los cargos de representación popular son entregados en todo el país, en una institucionalizada irresponsabilidad practicada por todos los partidos, a personajes sin preparación ni capacidad para cumplir con tareas como las legislativas. En el episodio relacionado con la indefendible línea aérea VivaAerobús, la senadora se asumió como autoridad, siendo teóricamente una representante popular y en entrevista al día siguiente, es de suponerse que ya más sosegada, llegó al extremo aberrante de quejarse por la satanización contra los políticos e invocar la creación de una fiscalía especializada para la defensa de ellos.

En realidad, la carrera política de la ahora senadora ha estado llena de satisfacciones personales y familiares. Se hizo de la candidatura correspondiente luego de impugnar jurídicamente a Joaquín González Castro, el aspirante que parecía tener mejores condiciones para enfrentar al PRI y al Verde (cuyos abanderados, luego triunfadores, eran el ex gobernador dominante, Félix González Canto, y el nuevo avecindado expansivo, Jorge Emilio González, apodado El niño verde). González Castro es un notario público de larga carrera en el PRI, un tiempo muy cercano a Pedro Joaquín Coldwell (fue senador, presidente del tribunal de justicia y presidente del municipio de Benito Juárez, donde está Cancún), que en el 2000 pasó a Convergencia y era abiertamente apoyado por el candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, para suplir al aspirante original a esa candidatura, el polémico Gregorio Sánchez, Greg.

Beristáin Navarrete entró como senadora de primera minoría, es decir, merced a las listas de partido que junto con las plurinominales sirven de jugoso consuelo a los participantes derrotados y atiborran costosamente la nómina privilegiada de esa cámara. Allí, Luz María ha sido la cuarta legisladora con más faltas de asistencia y ha tenido una productividad baja, con unas cuantas iniciativas de ley presentadas, a pesar de que tiene diez colaboradores a sueldo, entre ellos el hijo del propio coordinador de la bancada senatorial perredista, Miguel Barbosa (http://bit.ly/1482A5Q ). Y, ahora, su hermana Laura es candidata a síndico del municipio de Solidaridad y su hermano Juan Carlos a diputado local (siendo regidor, este hermano fue acusado por un asesor, al que había llevado del DF a Quintana Roo, de quedarse con la mayor parte del dinero que oficialmente le era pagado, como una contribución forzosa para campañas y actos políticos).

La contraparte de la farsa tiene también una larga historia oscura, aunque evidentemente los culpables no son los empleados a los que una visión básica de izquierda buscaría entender como partícipes obligados de las políticas abusivas y tramposas que las empresas les obligan a cumplir bajo amenaza de despido. VivaAerobús es la descarada demostración diaria de que leyes, reglamentos y autoridades de nada sirven ante el peso económico de firmas que, además, tienen aceitados contactos con la élite política en turno. La oferta de tarifas de bajo costo en esa línea mexicana es permanentemente acompañada de incumplimiento de horarios, desatención en las áreas interiores de espera y una constante búsqueda de provocar que el cliente acabe pagando más de lo calculado originalmente.

VivaAerobús forma parte de Inversionistas en Autotransportes Mexicanos (IAMSA), consorcio que agrupa líneas de autobuses de servicio público federal, como ETN, Primera Plus, Noreste, Ómnibus de México, Parhikuni, Amealcenses y TAP, entre otros, con presencia en áreas de centrales camioneras denominadas Caminante y en la línea aérea que opera en alianza con Ryan Air, el servicio de bajo costo más grande de Europa, donde a pesar de las sabidas restricciones correspondientes a una tarifa reducida no se permiten las barbaridades que en México.

El presidente de VivaAerobús es Roberto Alcántara Rojas, heredero de una familia de camioneros originaria de Acambay, tierra de la familia de Enrique Peña Nieto y miembros distinguidos de los entendimientos que han dado cuerpo al nunca confeso Grupo Atlacomulco. El propio Roberto fue señalado en su momento de hacer gestiones para allegar fondos a la candidatura de Roberto Madrazo Pintado a la presidencia de la República, y esta vez ha sido otro familiar, Jesús Alcántara, relacionado accionariamente con ETN y Herradura de Plata, quien se encargó de realizar alguna de las recolecciones conocidas en la picaresca política como pase de charola en favor de la campaña del ex gobernador mexiquense.

La vocación priísta de estos negocios terrestres y aéreos no está reñida con el pragmatismo que lleva a ofrecer servicios gratuitos a campañas y candidatos de diversos partidos, de tal manera que el panismo no tuvo a mal sostener una relación redituable. En ese contexto de entendimientos en las alturas, la empresa ha podido desarrollar políticas de poca atención al público que en pos de ahorros está dispuesto a pasar penalidades.

En ese contexto se ha dado la irónica protesta de una senadora altisonante que ha llevado su enojo a extremos delatores de la falta de oficio y cultura políticas, frente a una empleada que no tiene culpa por sí pero que forma parte de una empresa que hace enojar a tales extremos a sus usuarios que un día antes de la escena senatorial debida a que la línea cerró a tiempo su vuelo, otro empleado había recibido una bofetada femenina y algunos golpes masculinos a causa de un vuelo retrasado a Monterrey. ¡Hasta mañana!




Fuente: La Jornada | Julio Hernández López