México sigue siendo la tercera mayor fuente de petróleo importado de Estados Unidos, después de Canadá y Arabia Saudita. Sin embargo, la bomba del crudo se está secando rápidamente, pues la empresa carece de tecnología y tampoco sabe cómo perforar para buscar reservas que están en depósitos más difíciles de alcanzar, que se cree, están debajo de los desiertos y mares del país.
Además, el gobierno mexicano debe dejar de tratar a la empresa petrolera como un “árbol de dinero”, que utiliza para compensar un sistema tributario endeble que, encima, castiga con mayor severidad a los contribuyentes menores.
Lo anterior se establece en un artículo de The Washington Post que destaca por qué Petróleos de México (Pemex) se ha convertido en una prioridad para el Presidente Enrique Peña Nieto.
La cuestión, dice el influyente diario de la capital estadounidense, es si el Jefe del Ejecutivo federal dará apertura a la colaboración de empresas extranjeras en la explotación de los recursos petroleros nacionales, como lo han hecho Brasil y Noruega y la delgada línea que eso supone ante la privatización.
Para Peña Nieto, quien inició su sexenio en diciembre pasado, la apertura de la industria energética es la tarea más ambiciosa de una buena lista que incluye la fijación del sistema de educación, las telecomunicaciones y la recaudación de impuestos, siendo éstas las áreas vistas como los principales obstáculos de México para el desarrollo en un sistema más moderno, democrático y de clase media.
El reporte firmado por Nick Miroff y William Booth expone que Peña Nieto ha puesto a Emilio Lozoya para encabezar la paraestatal, a pesar de que no tiene conocimientos sobre el negocio del petróleo.
The Washington Post destaca que Peña Nieto insiste en que el objetivo de la Reforma Energética es la “modernización” de Pemex y no su privatización como han señalado algunos opositores.
El reto al que se enfrentará Peña con la Reforma es que acabar con las restricciones a las empresas petroleras extranjeras para participar con Pemex, pero requiere una mayoría de dos tercios en el Congreso de México, además del apoyo de más de la mitad de los gobernadores estatales, explica el Post.
Analistas dicen que si México no ofrece a perforadoras extranjeras una parte del crudo, en lugar de los contratos de tarifa por servicio que ofrece Pemex, se tendrán dificultades para atraer el capital y la experiencia que se necesita.
De acuerdo con el Diputado Luis Espinoza del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Pemex necesita una autonomía fiscal y operacional, “el capital no es privado”.
Tanto el legislador como otras personas desconfían de los cambios más radicales, pues el problema central es que el gobierno trata a Pemex como un árbol de dinero, utilizando los ingresos petroleros como un sustituto de un sistema fiscal más sólido y progresivo que impone cargas mayores a los particulares y a las empresas más ricas del país.
Altos funcionarios de la administración de Peña Nieto dicen que el objetivo a largo plazo de Pemex sería emular a otras grandes compañías petroleras nacionales, como la brasileña Petrobras y la noruega Statoil, que venden acciones minoritarias a los inversores privados. Pero primero, dicen, necesitan hacer que la empresa sea valiosa para los socios extranjeros y aumentar las reservas de petróleo.
Una vez más, los analistas dicen que México no va a ser capaz de atraer la inversión extranjera si no permite la competencia a nivel minorista en un país donde no hay Chevron o estaciones Shell y cada bomba de gas lleva el logotipo verde y blanco Pemex.
Finalmente, el artículo concluye con John Padilla, analista de energía de IPD Latin America que ha estado trabajando en México desde 2001, quien dijo que los recursos del país son demasiado variados para que sólo una compañía los maneje.
Fuente: Sin Embargo | La Redacción